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El Sardinero, rincón señorial
(Santander - Cantabria)

Pueblos

En 1840 el Sardinero era todavía una agreste zona en el entorno de Santander, alejada del centro de la ciudad. Sin embargo, con la llegada de la reina Isabel II y su familia para disfrutar de los baños en el Cantábrico, la zona sufre un inesperado auge que le aporta el definitivo impulso urbanístico para convertirla en lo que hoy es uno de los espacios más altivos y elegantes de la costa española.

El gusto por los baños de ola, a la moda de Cannes, Biarritz o Niza, conlleva la búsqueda de lugares idóneos para el reposo y la relación social. La presencia cada vez más frecuente de la realeza en Santander a partir de la década de los 70 y la llegada de Amadeo de Saboya en 1872 convirtiendo Santander en corte estival, impulsó un gran avance cultural y urbanístico de alto nivel estético en el entorno del Sardinero y su privilegiado litoral. Se construye entonces el primer Casino, sobre el que se levanta el actual, el edificio del Gran Hotel, el aristocrático Hotel Reina Victoria o el Hotel Real, junto a ostentosas residencias familiares y balnearios, al tiempo que se construyen nuevas infraestructuras para unir esta zona con el resto de la ciudad.

El antaño centro neurálgico del turismo de élite en el norte de España, es hoy en día uno de los rincones con más encanto de la ciudad. Desde la península de la Magdalena hasta Matalascañas se dispone en un precioso recorrido que aúna no sólo espectaculares edificios, sino dos bellísimas playas y los Jardines de Piquío. Declarado Conjunto Histórico Artístico, esta zona es visita indispensable para quien se acerca a Santander, bien sea por ocio, por interés cultural o porque se aloja en alguno de los atractivos hoteles rurales que bordean la bellísima costa cántabra hacia la que se asoma el Sardinero.

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